Pigou, Smith y la microeconomia



Hace ya varios anios, el colectivo que editaba Intervenciones publico una reflexion sobre la ensenianza de la microeconomia en el plan de estudios de economia de la Facultad de Economia de la UNAM. Alli se lee:

Notas sobre teoría microeconómica contemporánea
Hace 33 años, la Journal of Economic Literature publicó, en el número 4 de su volumen
10, un artículo de Oskar Morgenstern titulado “Thirteen Critical Points in Contemporary Economic Theory: An Interpretation”. En dicho artículo, Morgenstern, quien formuló, junto con von Neumann, la teoría de la elección bajo incertidumbre, se lamenta que el vínculo entre matemáticos y economistas se hubiese dado tan tarde. Muy a la manera en que David Hilbert presentó en 1900 la famosa lista de 23 problemas no resueltos en la matemática, Morgenstern sugiere, no sin dejar muy en claro que él no es Hilbert, y que su empresa no es tan ambiciosa, 13 problemas no resueltos en teoría económica, listados a continuación: \
1. Control de variables económicas,
2. Teoría de la preferencia revelada,
3. Óptimo de Pareto,
4. Tâtonnement,
5. La equivalencia Walras-Pareto,
6. La asignación de recursos,
7. Bienes sustitutos,
8. Oferta y demanda,
9. Análisis de curvas de indiferencia,
10. Teoría de la firma,
11. Agregación (“de regreso a Cantillon”),
12. Distribución del ingreso personal y funcional,
13. Relevancia de la teoría.
A pesar de que 10 de los 13 problemas son claramente concernientes a la teoría
microeconómica, Morgenstern no tituló su trabajo como “Trece problemas críticos de la teoría microeconómica contemporánea…”. Esto obliga una reflexión sobre la trascendencia de la microeconomía en teoría económica, pues los que son problemas microeconómicos resultan, a final de cuentas, en problemas de la teoría económica. Por ejemplo, con respecto a los fundamentos de la teoría del consumidor, Jehle y Reny, en su texto Advanced Microeconomic Theory, sugieren que tal teoría “es un cimiento de roca sobre el que se construyen muchas estructuras de la teoría económica”. Además, estos autores advierten al estudiante que “[m]ás tarde, en tus estudios de la teoría económica, empezarás a darte cuenta cuán central es la teoría [del consumidor] en la forma de razonamiento particular de los economistas. De vez en vez escucharás el eco de la teoría de consumidor en virtualmente todas las ramas de la disciplina –cómo se concibe, cómo se construye y cómo se aplica” (Jehle y Reny, 1995). Desde hace ya varios años, hoy en día incluso, la teoría microeconómica resulta literalmente fundamental en la construcción de la teoría económica. No representa una rama de la economía, sino su estructura teórica principal. No obstante lo anterior, la relevancia de la teoría microeconómica para el economista se debe, además, a diversas razones. Entre ellas se encuentra un tema central, por siglos, del estudio de la economía, y que se puede ilustrar en la siguiente pregunta: ¿Asegura el mercado el bienestar social? Un acercamiento parcial, incompleto, y por demás erróneo, podría sugerir que la teoría microeconómica “clásica” respondería afirmativamente de manera general. De tal premisa pueden surgir desafortunadas expresiones que terminarán por acotar el potencial teórico de la microeconomía, y, por tanto, terminarán por revelar su desconocimiento. En efecto, la cuestión sobre el mercado es crucial en la teoría microeconómica, y sus resultados, que son estándar actualmente, podrían sorprender a más de uno.

Prestemos atención a lo que Jehle y Reny (1995) sugieren a este respecto: “Muchos
académicos ubican el nacimiento de la teoría económica con la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith. Detrás del caos superficial causado por incontables acciones de agentes independientes y egoístas, Smith percibió una fuerza armonizadora al servicio de la sociedad. La ‘mano invisible’ guía al sistema de mercado al equilibrio, y Smith creyó que éste poseía ciertas características socialmente deseables”. La teoría microeconómica contemporánea no toma esto como premisa, mucho menos como axioma, sino que destina su aparato formal a probar no sólo la existencia de una mano invisible, sino también la existencia misma de cualquier equilibrio. Sigamos con Jehle y Reny: “Uno podría preguntarse mucho acerca de los mercados competitivos. Una cuestión fundamental que surge inmediatamente es si la visión de Smith sobre el funcionamiento del sistema de mercado, compuesto por muchos agentes egoístas comprando y vendiendo en mercados impersonales –sin importarles nada más que su beneficio personal, es, acaso, una visión coherente. Si es así, ¿existe un estado particular al que se dirija el sistema, o existen, más bien, muchos de ellos? ¿Tales estados son situaciones frágiles que puedan ser fácilmente perturbadas, o son situaciones robustas? Estas son cuestiones relativas a
la existencia, unicidad y estabilidad del equilibrio general competitivo, y todas son en extremo importantes…”.

La mano invisible smithiana, y, con ella, las bondades de los mercados competitivos, son puestos a la lupa de la teoría microeconómica contemporánea. Las conclusiones de la teoría al respecto son, a grandes rasgos, que, en efecto, existe el equilibrio general competitivo, aunque no es único, y que existe cierta evidencia a favor de la existencia de la mano invisible smithiana, toda vez que se acepte el criterio de Pareto como medida del bienestar social. Tales conclusiones pueden interpretarse a partir de dos de los teoremas más importantes en teoría económica, y que han sido denominados como “teoremas fundamentales de la economía del bienestar”. El primero
de ellos demuestra que cualquier equilibrio competitivo genera una distribución de recursos que representa un óptimo de Pareto, es decir, una situación en la que ningún agente puede incrementar su bienestar sin afectar negativamente el bienestar de alguno otro. El segundo teorema demuestra que cualquier asignación que es óptima en el sentido de Pareto podrá ser un equilibrio competitivo para algún vector de precios pertinente. Como se ve, los teoremas del bienestar constituyen el resultado principal del análisis de los mercados competitivos y una base sobre la que se ha construido una vasta literatura especializada. Sin embargo, a pesar de que ambos teoremas son precisamente eso, proposiciones demostradas dentro de un marco formal, no son un resultado general, pues requieren del cumplimiento de diversos supuestos, muchos de ellos demasiado fuertes. El reconocimiento de la particularidad teórica de los teoremas del bienestar representa uno de los avances más significativos de la teoría microeconómica contemporánea, pues implica, entre otras cosas, un reconocimiento de que la mano invisible smithiana no necesariamente lleva a situaciones Pareto-óptimas. Lo que es más, cuando el mercado funciona con fallas, como la presencia de externalidades, está demostrado que la búsqueda del bienestar individual genera un resultado ineficiente en el sentido de Pareto.
Pero esto no implica un desmantelamiento de la microeconomía, sino su fortalecimiento
en tanto teoría del sistema económico. Yerran tanto aquellos que suponen que la teoría microeconómica estándar es una defensa de los mercados competitivos como aquellos que los defienden, pues ni unos ni otros estarán tomando en cuenta varios de los resultados principales de la teoría microeconómica en cuanto a las fallas de mercado. Tras el reconocimiento, por demás serio, de la existencia de fallas de mercado, la teoría económica tiene en la microeconómica una fuente de herramientas analíticas poderosas para el análisis de situaciones diversas de la actividad económica, como aquellas contenidas en la rama de la economía pública, la
organización industrial y la economía experimental, por nombrar algunas de las sobresalientes.
Por ejemplo, ante la presencia de fallas de mercado y la resultante no equivalencia entre el equilibrio walrasiano y el paretiano, la teoría estándar justifica la intervención del estado en el sistema económico, y la economía pública representa un cuerpo analítico dedicado a su análisis. Cabría esperar, entonces, que los cursos de teoría microeconómica en un plan de estudios para la licenciatura recogieran con fuerza estos resultados, no sólo porque varias de sus herramientas resultan cruciales en la formación del economista, sino porque por sí sola representa un esquema formal de análisis de la realidad económica contemporánea.
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Ahora, Greg Mankiw, entre las labores de su Club de Pigou (en el que estan, entre otros, Volcker, Greenspan, Rogoff y varios mas), formaliza la promocion de los impuestos pigouvianos a la gasolina, pues en su vision representan el mecanismo "menos intrusivo" en la economia para promover eficiencia energetica y menor dependencia a los combustibles extrernos. Pues bien, en una seccion de la fundamentacion se lee:

Market Efficiency and Corrective Taxes
One big lesson of basic microeconomics is that under certain conditions, markets allocate resources efficiently. I think of this as the magic of Adam Smith’s invisible hand. In more advanced courses in economics, the efficiency of market outcomes is derived with extraordinary rigor, and it is called the “first fundamental theorem of welfare economics.”
The job of economic theorists is to prove theorems. The job of policy economists is to figure out which theorems to apply. All theorems are based on axioms, so when applying any theorem to the world, one has to evaluate whether the axioms assumed by the theorem are valid. In the case of the fundamental welfare theorem, one key axiom is the absence of externalities. If an economic transaction imposes costs or benefits on individuals who are not part of the transaction, this theorem will not apply, and Adam Smith’s invisible hand will fail to lead to an efficient outcome. This is a key lesson taught in introductory economics courses.

There is, however, a simple way to remedy the market failure and restore the optimality properties from the fundamental welfare theorem: Individuals can be charged for the external costs they impose on others (and subsidized for the external benefits they give to others). The solution goes back to Arthur Pigou, the British economist from the early 20th century, who was sometimes friend and sometime nemesis to his more famous colleague John Maynard Keynes. In his honor, these corrective measures are called Pigovian taxes.
For at least two reasons, Pigovian taxes are popular among economists. First, they are often the least invasive way to remedy a market failure. They can restore an efficient allocation of resources without requiring a heavy-handed government intervention into the specific decisions made by households and firms. Second, they raise revenue that the government can use to reduce other taxes, such as income taxes, which distort incentives and cause deadweight losses.
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